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Uno de los presuntos atractivos que debería ofrecer la Antártida es una magnífica calidad de cielo, libre de contaminación atmosférica y luminíca, para la observación astronómica. En principio así es, pero justo cuando las condiciones atmosféricas son favolables (época estival austral) sólo es posible llevar a cabo observaciones astronómicas en los rangos espectrales que no se vean afectados por la radiación solar (rayos Sol, rangos visible y UV), optando por estudios de Radio Astronomía, MicroOndas y, por supuesto, todo lo relacionado con el estudio del Sol (Astronomía Solar: Astrofísica Solar y Heliofísica). Siendo todo esto viable en el verano austral, hasta la fecha los observatorios astronómicos antárticos son muy escasos, aunque demos tiempo al tiempo.

En el ámbito nocturno, resulta descorazonador tener la posibilidad de observar casi de continuo de noche durante 6 meses y que ello no sea del todo posible debido a las condiciones tremendamente adversas que presenta la Antártida en la época invernal: muy bajas temperaturas (con picos de hasta -90ºC) y fuertes vientos, lo que dificulta sobremanera las labores de observación por el varapalo que supone para la instrumentación astronómica (espejos, óptica y analizadores) sufrir semejante estado de 'shock' térmico. Por ello, aunque dispongamos allí, digamos que 'infinitas horas de noche', son bastante impracticables, de ahí la escasez de observatorios astronómicos antárticos incluso robotizados.

No obstante, donde está el meollo del tema astronómico antártico reside en saber llegar a una solución intermedia aprovechando las magníficas oportunidades que ofrece la Antártida, jugando sobre todo con las ventajas de las 'situaciones intermedias', tanto a nivel de latitud como a nivel estacional, para aprovechar tanto el día como la noche antártica. En nuestro recorrido hasta el Círculo Polar Antártico (66º33'38'' latitud Sur, donde en el solsticio de verano austral no se pone el Sol durante todo el día), vamos a recorrer un amplio rango de latitudes, que nos va a servir para clarificar bajo qué condiciones y en qué lugares es realmente posible hacer Astronomía de calidad en pleno verano antártico. Cuanto más al Sur nos hallemos, menos 'noche' disfrutaremos, teniendo un abanico importante de condiciones entre las que tomar decisiones astronómicas.

Otro aspecto astronómico sobresaliente y que no goza -injustamente- de su correspondiente merecida popularidad es el tema de la influencia astronómica de los movimientos periódicos planetarios de rotación de la Tierra (nutación y precesión) y su inherente relación con los cambios climáticos en las distintas zonas geográficas terrestres. Cualquier estudio de la Historia del Clima Terrestre confirma lo mismo: el clima terrestre siempre se ha visto modificado para una misma zona geográfica, aunque persistiendo un equilibrio de tipo global. Esto manifiesta que lugares de cierta inestabilidad actual hayan conseguido que otros lugares antes inestables ahora sean más estables y viceversa. Del mismo modo que han existido 'glaciaciones' también se han dado 'calentamientos' (como el de ahora, más favorecido por la contaminación humana) de forma natural o provocados por aislados accidentes externos tipo 'asteroide'. Esto ha sido una constante desde que hace unos 4.000 millones de años el planeta Tierra comenzara a estabilizar su atmósfera y generar vida, en los que también han intervenido factores decisivos de tipo geológico (desplazamiento placas continentales) combinados con las variaciones en los regímenes de circulación atmosféricos y oceánicos.

En este sentido, existen trabajos científicos que prueban que durante la última glaciación (Glaciación del Würm, hace unos 20.000 años) los casquetes polares se extendían hasta la titudes inferiores a los 50º y el nivel del mar se situó al menos 120m por debajo del actual. Otros estudios de épocas más recientes aseguran que en torno a los siglos X-XI hubo un período aún más cálido que el actual (denominado Pequeño Óptimo Climático, POC) que favoreció los asentamientos humanos en Groenlandia. A este periodo siguió una bajada de temperaturas en torno a los siglos XV-XVI (Pequeña Edad de Hielo o Neoglaciar) reduciendo las temperaturas una media de 3,4 grados. Lo que vivimos ahora es la progresión ascendente de temperaturas, sumado al hecho del efecto invernadero 'engordado' por la actividad contaminadora del hombre. Es un soberano error caer en la trampa de justificar la actual subida de temperaturas exclusivamente al efecto contaminador del hombre, cuyo efecto es mínimo en comparación con las causas naturales, más si cabe está demostrado que la concentración de CO2 atmosférico se ve afectada a posteriori por los cambios de temperatura y que aún quedan muchas lagunas por descifrar sobre su ciclo en el planeta. Todas estas estimaciones de temperatura son posibles gracias a las microburbujas de aire que han quedado atrapadas en los diversos estratos de los hielos polares, midiendo las concentraciones del isótopo O18 y CO2.

Justo aquí se hace necesario revelar otro trabajo de investigación astronómico crucial: el efecto combinado del Campo Magnético Solar (CMS) y los Rayos Cósmicos Galácticos (RCG). El primero miniminiza el efecto de los RCG que potencian la ionización atmosférica y la aparición de nubes opacas que agudizan el 'efecto invernadero'. Actualmente existe un aumento del CMS con la consiguiente disminución de los RCG, por lo que hay predominio de nubes 'invernadero'. Otro detalle no menos importante es que los RCG catalizan la formación de NO, responsable del `robo` de un átomo de Oxígeno al Ozono (O3) (pasando a ser O2) en las zozas polares, donde son canalizados los RCG debido al campo magnético terrestre, lo que exculpa en parte a los CFC.

Por otra parte, se ha probado que el aumento del nivel del mar debe ser medido en islas oceánicas y que resulta ser actualmente de 1mm/año. La expedición, con ayuda del velero, atravesará multitud de islas antárticas con la oportunidad de registrar sobre el terreno fundamentalmente el efecto de deshielo de la banquisa antártica y comprobar in situ lo que se rebate sobre el tema climático en la actualidad.

Se hace necesario incidir en considerar el entramado del 'cambio climático' desde una perspectiva más abierta, considerando la versión astronómica, planetaria y geológica en el debate medioambiental de la Tierra.

En cuanto a lo que comúmente uno entiende por Astronomía y el estudio del cielo austral, la intención es registrar el mayor número de imágenes tanto diurnas como nocturnas como sea posible, tanto por los inconvenientes que presenta la luz solar en esta época del año (15 diciembre-15 enero, verano austral) para las observaciones nocturnas (planetaria y constelaciones australes), como la transparencia del cielo a la hora de abordar las observaciones diurnas (Sol).

De muchos es conocido en el Hemisferio Norte (HN) lo espectacular que resulta observar la bóveda celeste austral, más rica que la boreal. Tendremos oportunidad (en las latitudes Sur menores) de gozar de los objetos astronómicos contenidos en las constelaciones que circundan el Polo Sur Celeste (situado próximo a la estrella Sigma Octans, en la constelación del 'octante').

La emblemática 'Cruz del Sur' (Crux, que dejó de verse en el HN en la época de Cristo) contiene el impresionante cúmulo abierto de 'El Joyero' y el 'Saco de Carbón' (nebulosa oscura). Centaurus contiene la estrella más cercana nosotros (Alfa Centauri C) y el popular cúmulo globular Omega Centauri (NGC5139).

En el triángulo formado por las constelaciones Dorado, Hydrus y Tucana se encuentran las galaxias más cercanas, las Nubes de Magallanes (Grande y Pequeña), que fueran divisadas por el navegante portugés hacia 1521. Destaca también el cúmulo globular 47 Tucana.

La gran y antigua constelación 'Argo Navis' que actualmente se reparten en cuatro (Carina, Vela, Puppis y Pyxis) en las que hay un surtido bastante atractivo de objetos astronómicos, destacando las nebulosas Keyhole y Eta Carina, además de los objetos Messier de Puppis (M46, M47 y M93).

Otro grupo de constelaciones interesante es el formado por Eridanus, célebre por la contener la espectacular galaxia espiral barrada NGC1300, Phoenix y Sculptor, que albergan galaxias entre las que destaca NGC253 más visible aún que su homóloga del HN, Andrómeda (M31).

 

 

 

 

 

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